Cómo atraer a una mujer usando la dominancia, esa gran olvidada


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Muchos de los hombres que se han planteado mejorar en la forma de relacionarse con el sexo opuesto, habiendo profundizado más o menos, sabrían enumerarte ciertos rasgos que se deberían tener para aumentar las probabilidades de atraer a esa chica de tus sueños… al preguntarles, muchos aspectos se repetirán, otros no tanto, y otros serán extremadamente raros de escuchar… ya sea porque en los libros y foros no se habla de ellos, porque en cierto modo son “políticamente incorrectos”, o porque se engloban en otros términos.

Este artículo trata de ser una breve introducción, y de dar una serie de ejemplos para uno de esos grandes olvidados: La Dominancia.

Normalmente, cuando uno utiliza la palabra dominancia, aparece en la mente de la otra persona la imagen de a algo cavernícola como poco… pero como todos sabemos, de lo que se trata aquí es de hacerle sentir emociones a la persona que tenemos enfrente, y como es obvio, habrá momentos en que es tremendamente más atractiva una actitud dominante que una neutral o sumisa… otras veces, lo que sucede es que este término queda englobado dentro de las técnicas de persuasión, convicción, o similares… por lo que hay que remarcar, que la principal diferencia que la distigue de otras semejantes, es que mientras que unas suelen dan un amplio abanico de posibilidades al receptor, la dominancia se basa en dar una única posibilidad de acción al mismo, y en evitar o anular su opción a replica.

 

Para que este concepto quede un poco más claro, primero vamos a poner un ejemplo metafórico:

«Imaginemos que a cierta persona le hacemos esta pregunta: -¿Quieres un caramelo? –Y tras esa pregunta le enseñamos nuestra mano con varios de ellos. Si a esa persona le apetece coger alguno, y en nuestra mano hay caramelos de limón, fresa y menta, el receptor cogerá de entre las opciones, el sabor que más le guste… sin embargo, si ofrecemos solo caramelos de limón, esa persona necesariamente cogerá uno de limón, independientemente de que también tengamos de fresa y de menta». Esta metáfora se la debo a alguien muy cercano, si lo estás leyendo sabes que es por ti.

 

Pasemos ahora a aplicar este concepto a ejemplos más relacionados con la seducción:

  • Si hemos conocido a una chica que se encuentra con más gente y queremos llevarla a un entorno más acogedor, no será lo mismo decir: -¿Quieres acompañarme a pedir algo? –que esto otro –Acompáñame a pedir algo –mientras la coges de la mano y con un gesto firme te la llevas en esa dirección.
  • Si estas con una mujer con la que la cosa has tomado la dirección adecuada, pero a pesar de que lo has hecho perfecto no te deja besarla (o si has cometido algunos errores, que para eso somos humanos), puede que de una manera “educada” se valla a apartar, pero si tienes una o ambas manos acariciándole la parte de atrás de la cabeza y “forzamos” un poquito, es probable que sí que nos besemos, ya que estamos evitando su opción a replica, que en este caso sería apartarse.
  • Si te encuentras en tu habitación con una nueva amiga, y por ejemplo vais a ver una película, puede que te interese que este más cómoda y se ponga un pijama corto en vez de quedarse con esos vaqueros que podrían llegar a ser inexpugnables. No causa el mismo efecto decirle: –¿Quieres que te deje un pijama para estar más cómoda?– y esperar a ver que dice; que ir directamente al armario, sacar el pijama, ponérselo en la cama y decir –Toma, póntelo para estar más cómoda, me voy a hacer (lo que te apetezca)– para así evitar la réplica, y encontrarnos con que a la vuelta seguramente se lo haya puesto.
  • Este último ejemplo me sucedió este verano, estaba en mi pueblo a solas con dos chicas en casa, después de tantear un poco la opción de tener algo con ambas, llamaron a la menos interesada diciendo que volvieran a donde estábamos antes de ir a casa… entonces lo le que dije fue: –Bueno, como tus amigas te necesitan ahora, y yo tengo que hablar cinco minutos con mi mujer… te acompaño a la puerta, no te preocupes que no tardaremos en unirnos a vosotros.– Me levanté, le tendí la mano para que hiciese lo mismo, y la acompañé hasta la salida… para acto seguido volver al salón, donde se encontraba la más interesada, pensando «solo» en lo divertido que había sido que no hubiese dicho nada mientras contemplaba toda la escena. (Como podéis apreciar, ya habíamos tenido antes un tonteo en plan marido-mujer que hacía congruente la frase que acababa de utilizar). De haberme comportado de otra forma, seguramente el resultado final hubiese sido muy distinto.

 

Para finalizar, cabe destacar que como la mayoría de las cosas en esta vida, en exceso son contraproducentes, no es lo mismo usar la dominancia en momentos puntuales donde ese extra va a marcar una gran diferencia… que comportase de esta forma todo el rato como si fueses un general, ya que corres el riesgo de perder todo tu encanto.

 

Aquiles

Acerca de Aquiles

Director estratégico de SP. Formador en habilidades sociales y emocionales, compagina su labor profesional como arquitecto con una de sus grandes pasiones: la seducción. Se ha especializado en juego diurno y nutrición, destacando su habilidad para conseguir que cada persona incorpore el sargeo a su estilo de vida. Consultar sus cursos »

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